¿Qué ocurre cuando adoramos?

¡Dios te bendiga!

He estado reflexionando un poco sobre lo que ocurre cuando adoramos a Dios y quería compartirlo contigo.

Creo que la mejor manera de ilustrar lo que ocurre cuando adoramos está en mirar la experiencia de adoración de uno de los profetas de Dios registrada en el libro de Isaías 6.

En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo (Isaías 6:1-4).

Primero, la adoración nos hace mirar hacia arriba, miramos a Dios en su trono en toda su gloria. Nos conecta con Dios. Hace que pongamos nuestra mirada en Él y no en los ídolos de este mundo. Nos hace recordar lo bueno que Él es, lo grande, poderoso, y amoroso que es, y cuán santo Él es.

Segundo, la adoración hace que miremos nuestro interior.

Entonces dije: !!Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado (Isaías 6:5-7).

Cuando ves a Dios como realmente es, como lo hizo Isaías, uno comienza a verse a sí mismo como realmente uno es. Comienzas a ver cosas en tu corazón y en tu vida que realmente no te habían molestado antes. Pero, te diste cuenta de que después de que Isaías vio y confesó su pecado, él también experimentó la misericordia, la gracia y el perdón de Dios. Eso es lo que sucede cuando realmente adoramos a Dios.

Pero, la adoración no termina ahí. Isaías miro su interior e inmediatamente miró también lo exterior.

Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí (Isaiah 6:8).

La adoración genuina siempre para que miremos nuestro interior, provocará una respuesta personal, una acción, un deseo de ser obediente a lo que Dios te está llamado a hacer.

La adoración genuina no es sólo cantar canciones y conseguir una buena sensación en tu corazón. La adoración genuina es ver a Dios por lo que realmente es, Su poder, Su grandeza, Su santidad, Su soberanía, Su amor y Su compasión, y luego darle lo que Él se merece, lo mejor de tu tiempo, tus talentos, tus pensamientos, tus palabras y tus hechos.

La verdadera adoración es ver de forma refrescante el tremendo valor de Dios y, en respuesta, tu darle a Él lo mejor de todo lo que tienes.

Cuando nos reunamos nuevamente si así Dios lo permite, ¿podríamos adorarle de forma genuina? ¿podríamos darle a Él lo mejor de todo lo que tenemos?

El realmente se merece nuestra mejor adoración.

En Cristo,

Jose Arroyo Signature

 

 

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